Mi experiencia con la lactancia materna

Hasta que me quedé embarazada, nunca me planteé el tema de la lactancia materna. En mi familia, no conocía a nadie que hubiera dado el pecho a su hij@ más de dos meses. Mis ejemplos siempre fueron las mujeres de mi entorno, se sentían orgullosas de lo bien que tomaban el biberón sus retoños, lo bien que crecían gracias a la leche en polvo y lo rollizos que se criaban. Supongo que antes, a las madres les “metían” en la cabeza frases del estilo: “tu leche es aguachirri” o “se queda con hambre” y abandonaban la lactancia de forma prematura.

Pues resulta que a pesar de lo que ha avanzado la sociedad en estos años y las campañas a favor de la lactancia materna que se han hecho, en el fondo seguimos como siempre… En estos cinco meses y medio que llevo de lactancia materna exclusiva he tenido que dar mil explicaciones y negarme en redondo a darle una “ayudita” porque había gente que se empeñaba en ver al niño “muy delgado” (a mí que me explique como a un niño que está en el percentil 50 de peso le pueden llamar delgado).

He tenido que aprender a adaptar mis rutinas a los horarios de comida del peque, a dormir tres o cuatro horas seguidas como mucho durante la noche y a perder la vergüenza por tener que sacarme el pecho en cualquier sitio (porque los bebés no entienden de horarios, ni lugares apropiados….) y todo ello lo he hecho con una sonrisa en los labios y sin sentirme como una esclava que es lo que me han llamado varias veces. Ya me he aburrido de oír: “tendrás ganas de que tome el bibe para poder tener más libertad“. No necesito “más libertad”, me siento feliz cuidando a mi hijo y las horas de sueño las compensa con creces la cara de felicidad de mi bichillo cuando toma su teta.

Durante estos meses he pasado como todas las madres lactantes por varias “crisis”: La primera fue nada más nacer, cuando aún no me había subido la leche y el pobre no paraba de llorar (resuelta en cuanto me subió la leche a los cinco días). La segunda fue al mes y medio cuando bichillo no paraba de llorar, arquear la espalda y dar tirones del pezón mientras comía (superada en una semana, solo había que tener un poco de paciencia). Y la última fue a los tres meses, bichillo se mordía el puño, se distraía con cualquier cosa y dejaba de mamar, empezó a hacer tomas mucho más cortas y yo notaba los pechos más blandos (todo esto es normal).

Ahora que por fin parece que todo el mundo a aceptado que soy perfectamente capaz de alimentar a mi hijo sin ninguna “ayudita extra” y que no hay nada de malo en darle el pecho esté donde esté… aparece un nuevo obstáculo: El trabajo. No he podido disfrutar de una baja por maternidad remunerada, así que después de cinco meses (con todos los gastos que un bebé supone…) os podéis imaginar la necesidad que tengo de encontrar un trabajo; Pero si encontrar trabajo ya de por sí no es fácil, intentar encontrar un trabajo compatible con la lactancia… es misión imposible… Así que estoy intentando hacer un pequeño banco de leche materna para cuando tenga que incorporarme, pero con bichillo mamando cada dos o tres horas, no es tarea fácil.

Así que al final he cedido y estoy dejando que mi pareja pruebe a darle un biberón al día (de esta manera entre la alimentación complementaria y un biberón podría buscar un trabajo de media jornada de momento). Pero bichillo se resiste, hemos probado dos marcas de leche de fórmula y parece que hay una a la que no le hace muchos ascos. Otra cosa es lo del biberón, ya hemos probado tres diferentes y nada… Sólo se toma la leche a cucharadas (os podéis imaginar el tiempo que tardamos en que se tome 30 ml.). Todo el mundo me dice que es cuestión de paciencia y que ya se acostumbrará (que curioso, justo es el consejo que yo quería oír durante las “crisis de lactancia” y que nadie me dio).

¿Cuál ha sido vuestra experiencia?

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2 comentarios en “Mi experiencia con la lactancia materna

  1. ¡Hola! Me parece muy interesante tu blog y me siento identificada con muchas cosas. Mi experiencia con la lactancia ha sido parecida, no tengo nadie cercano con hijos y el ejemplo de mi madre y mi suegra es de lactancia mixta (parece que en los 80 era lo más común). He tenido a veces la sensación de ser rara por querer fomentar lo natural, que al fin y al cabo es como hemos sobrevivido desde siempre, pero la sociedad nos ha inculcado ideas difíciles de evadir. Creo que poco a poco podremos ir cambiando la visión y volviendo a lo esencial. ¡Un saludo!

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